miércoles, 7 de diciembre de 2011

MARÍA: LA SEÑORA DE TODAS LAS NACIONES


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Millones veneran a María, la madre de Jesús, con títulos como “Madre de Dios” y “Reina del Cielo” sin darse cuenta de que estos títulos son anteriores al cristianismo y son condenados por las Sagradas Escrituras. ¿Por qué se trata a María con la misma veneración antes dada a figuras de una diosa pagana? ¡Las Sagradas Escrituras revelan la asombrosa verdad!

Por Douglas S. Winnail

¿Cuál es el origen y el significado de la “Madona”? ¡Es algo verdaderamente sorprendente!
Todos los días, cientos de millones de persona elevan plegarias a María, la madre de Jesús, a quien honran como la "Madre de Dios" y la "Reina del Cielo". Todos los años, millones emprenden peregrinajes a santuarios de María en todo el mundo, desde Irlanda hasta Portugal y Polonia, desde Bosnia y Gibraltar hasta México y Sri Lanka. El fallecido Papa Juan Pablo II dedicó su pontificado a María y "consagró el mundo" a la "Bienaventurada Virgen". En la Jornada Mundial de la Juventud católica, celebrada en todo el mundo, se les dice a millones de jóvenes: "¡No teman abrir las puertas de su vida a María!"
En años recientes, los devotos de María han hablado cada vez más de apariciones de la Virgen. Con títulos como "Madre del Mundo", "Señora de todas las Naciones" y "Reina de Paz", se ha asegurado que María ha aparecido en los Estados Unidos, Australia, Chile y Japón. Árabes palestinos y musulmanes africanos dicen haberla visto. En Bombay, India, cientos de miles rindieron homenaje a una supuesta imagen mariana. Pero es de Europa de donde provienen los mensajes más urgentes de María, según sus devotos, quienes insisten que hay que rezar el rosario y ser más espiritual, que Rusia ha de convertirse y que las religiones del mundo tienen que unirse para alcanzar la paz.
Este interés por María, aunque es un fenómeno mundial y está cobrando impulso, realmente no es nuevo. Los gobernantes católicos en Europa han consagrado sus naciones a María desde hace mil años. Pero lo que rara vez se menciona es que las prácticas religiosas asociadas con el culto de María se originaron mucho antes de los tiempos de Jesús y su madre. Curiosamente, pocos cuestionan por qué tantos se adhieren a creencias y prácticas que Cristo jamás enseñó y que la Biblia ni siquiera menciona. En la Biblia no hay oraciones a María, y las Sagradas Escrituras no le atribuyen ningún milagro. Y lo que es más increíble, muchas personas le atribuyen a María títulos que en la Biblia y en la historia, ¡claramente se refieren a otra!
¿Cómo llegó María, una humilde joven judía, a adquirir semejantes títulos y tanta honra? ¿Qué hay detrás del énfasis creciente en la "Bienaventurada Virgen" y hacia dónde se encamina este énfasis?
Al principio: silencio
Por extraño que parezca, fuentes eruditas reconocen claramente que esta importancia dada a María no existía en ninguna manera en la Iglesia primitiva. La Enciclopedia Católica afirma: "Esta doctrina no figura, al menos no explícitamente, en las primeras formas del Credo, [y] quizá no haya por qué sorprenderse si no encontramos huellas claras del culto a la Bienaventurada Virgen en los primeros siglos cristianos" (artículo: "Devoción a la Bienaventurada Virgen María"). María no recibió los títulos de "Madre de Dios" y "Reina del Cielo" hasta siglos después de su vida. No hay ninguna mención en las enseñanzas de Cristo o de los apóstoles de culto, adoración u oraciones a María, y no hay ninguna referencia bíblica al rosario. Jesús les enseñó a sus discípulos a dirigir sus oraciones a Dios Padre (Lucas 11:1–2) y a elevar sus peticiones en el nombre de Jesucristo (Juan 14:13–14). La Biblia no menciona ninguna fiesta dedicada a María y no ofrece ningún ejemplo de alguien que ore ante una estatua de María. En la Biblia, como en la Iglesia primitiva, tales prácticas se condenaban como idolatría (ver Éxodo 20:4–5).
La Biblia nunca se refiere a la “Inmaculada Concepción” de María, doctrina según la cual ella nació libre de pecado. Tampoco enseña la "Asunción", doctrina que afirma que María subió al cielo corporalmente. Por el contrario, las Escrituras afirman claramente que "nadie ha subido al cielo" excepto Jesús (Juan 3:13). En el siglo pasado, las apariciones, y quienes las defienden, han promovido a María como la "Mediadora de Todas las Misericordias" (reduciendo así el papel verdadero de Jesucristo tal como se revela en la Biblia), y como la "Reina de Paz", pese a que la Biblia jamás se refiere a ella en tales términos. Si estas creencias y prácticas no se encuentran en la Biblia, ¿de dónde vinieron y cómo llegaron a asociarse con lo que muchos hoy llaman cristianismo?
El mundo pagano

Para entender cómo se desarrolló el culto a la Madona, debemos remontarnos a los primeros siglos de la Iglesia. Jesús llegó a un mundo dominado por la cultura griega y romana. Las religiones paganas prosperaban y la gente rendía culto a variedad de dioses y diosas que recibían diferentes nombres en diferentes regiones. Estas deidades se alojaban en santuarios y templos espléndidos, y en su culto se empleaban ceremonias fastuosas que a veces incluían ritos secretos y prostitución idolátrica en el templo. Las fiestas de los dioses eran festividades públicas que dominaban el calendario social. En las ciudades con santuarios y templos muy importantes—como Éfeso, sede del templo de Diana (Hechos 19:21–40)—los artesanos se enriquecían haciendo imágenes de las deidades. El culto a las deidades paganas estaba muy difundido en el Imperio Romano y subsistió hasta bien entrado el siglo quinto de nuestra era.
El mundo pagano toleraba el culto a diferentes dioses y diosas, pero los verdaderos cristianos se destacaban por su negativa a participar en los ritos paganos. Los primeros cristianos cumplían las normas bíblicas que dicen: "No aprendáis el camino de las naciones" (Jeremías 10:2), "no os adaptéis a este mundo" (Romanos 12:2, Biblia de las Américas) y “salid de en medio de ellos, y apartaos" (2 Corintios 6:17). Se presionaba a los cristianos para que se adaptaran, y cuando no participaban en las costumbres paganas sufrían persecución. Sin embargo, entre los años 300 y 400 después de J.C., se produjeron cambios radicales. El Imperio Romano no sólo aceptó lo que ellos llamaron cristianismo, sino que dándole su respaldo oficial, convirtió esa forma de cristiano en la fuerza religiosa predominante dentro del Imperio. Fue este el período en que comenzó a surgir el culto a María.
La conversión de los paganos

La llamada "conversión" de Constantino fue un período crucial en la formación del “cristianismo popular". El joven emperador quien practicaba el culto al sol, se sintió atraído por la iglesia cristiana apóstata. Si bien Constantino suspendió las persecuciones y concedió favores a los cristianos profesos, siguió aprobando y cumpliendo prácticas paganas. Parece que "encontró conveniente rendir tributo a Cristo y a Apolo" (Una crónica de los últimos paganos, Chuvin, p. 26). Cuando Constantino abrazó el “cristianismo” y empezó a fomentar su nuevo credo, trajo a la iglesia un crecimiento asombroso que transformó completamente su carácter. El apoyo imperial sirvió para acrecentar colosalmente tanto la riqueza como el estatus de la iglesia. Los privilegios y prebendas concedidos al clero provocaron una estampida hacia el sacerdocio (ver La conversión de Europa, Fletcher, p. 38). Pero muchos de los nuevos "conversos" eran cristianos sólo de nombre, ya que conservaban sus ideas paganas y las seguían practicando.
Algunos dirigentes de la iglesia en esa época, viendo la popularidad de las costumbres paganas, siguieron una "estrategia de adopción" en su empeño por convertir a los paganos "a algo parecido al credo cristiano" (Fletcher, pp. 99, 354). En vez de exigir que la gente se arrepintiera y abandonara sus costumbres paganas, los jefes de la iglesia instaban a "reemplazar estas prácticas paganas con otras cristianas" (op. cit., p. 54). Se levantaban iglesias sobre santuarios paganos o cerca de ellos, y las antiguas festividades paganas recibían nombre y contenido “cristianos”. Allí donde el "apego popular [pagano] a algún sitio santo era demasiado fuerte para quebrantarlo, a veces era posible para la iglesia desinfectar el sitio antiguo e impartirle algún significado cristiano" (La iglesia primitiva, Chadwick, p. 168). Un ejemplo sobresaliente fue Éfeso, con su gran templo de Diana, una de las maravillas del mundo antiguo. En el año 431 después de J.C., el Tercer Concilio Ecuménico reunido en Éfeso proclamó que María era la "Madre de Dios" y que era objeto de oraciones y devociones. ¿Por qué le dieron a María este título, y otros más? ¿Y por qué se eligió a Éfeso para tal proclamación?
Diosas antiguas

La Diana de Éfeso era una diosa "a quien venera toda Asia, y el mundo entero" (Hechos 19:27). Diana era el nombre romano de la deidad griega Artemis, "diosa de la luna y casta hermana del dios sol Apolo" (Enciclopedia Colliers). Artemis también era la "protectora de la castidad y patrona del parto" así como la diosa de los viajeros por mar, que traía buen tiempo y viajes prósperos (Enciclopedia Británica, edición no. 11). Se representa a menudo como una virgen y diosa madre y como el "Ama de los Animales". Sus estatuas son de una figura con varios senos que lleva una corona de torrecillas. Artemis incorpora muchas características de la gran diosa madre que se adoraba bajo varios nombres en el mundo antiguo (ver The Oxford Companion to the Bible).
Sabemos también que "Artemis es una diosa de origen muy antiguo que sobrevivió y alcanzó gran popularidad en Asia Menor y Grecia y aun en tiempos cristianos, cuando… buena parte de su ethos [creencias y prácticas] se transfirió a la Virgen María. Ambas figuras tenían santuarios importantes en Éfeso" (Enciclopedia de dioses, Jordán, p. 26). Al edificar una iglesia para María en Éfeso y declararla la "Madre de Dios" cerca del gran templo de la diosa madre Diana, la Iglesia Católica simplemente adoptó y adaptó tradiciones antiguas gracias a las cuales los nuevos conversos podían conservar sus prácticas paganas ¡dentro de un contexto "cristiano!"
¿De dónde salieron los títulos de "Madre de Dios" y "Reina del Cielo?"
En el corazón de Asia Menor, más de mil años antes de los romanos, los heteos adoraban a una gran diosa madre. En la ladera de una colina cerca de Sardis hay una gran escultura en piedra de una diosa madre que los poetas clásicos Homero, Ovidio y Sófocles describen como la "Madre de los dioses, la diosa más antigua de todas" (El Imperio Hitita, Garstang, pp. 176–177). En estatuas y tallas, esta deidad hetea “asume el aspecto de una diosa de los cielos o Reina del Cielo, aspecto conocido de Astarté" (op. cit., pp. 114, 204–205). Astarté era la diosa fenicia de la guerra, de la estrella vespertina, del amor físico y la fecundidad. Una parte de su culto tenía que ver con actos de prostitución idolátrica en el templo. Con frecuencia, se le representaba desnuda, "vistiendo una corona de cuernos de vaca que encerraban un disco solar", similar a la diosa egipcia Isis (Enciclopedia de dioses, p. 33). El ejército romano difundió el culto de esta antigua diosa hetea por toda Europa desde Alemania hasta Inglaterra porque tal culto "tenía gran acogida entre los soldados" (Garstang, p. 302).
Y de la Madona y el niño ¿qué?
En Egipto adoraban a Isis como una de las deidades principales. Generalmente se representaba sentada en un trono "alzando al niño Horus… tanto la teología oficial como la creencia popular proclamaban… a Isis y Horus la madre e hijo perfectos" (Enciclopedia Británica, edición 15). Desde Egipto, el culto de Isis se extendió a Grecia y Roma, donde le decían Stella Maris (estrella del mar), la patrona de los viajeros por mar y ‘reina del cielo’" (Los dioses de los egipcios, Budge, p. 218). Antiguamente, hubo un santuario a Isis "en la colina del Vaticano donde ahora se encuentra [la catedral de] San Pedro" (El paganismo en nuestro cristianismo, Weigall, pp. 128–129). Muchos eruditos señalan que "el culto de Isis influyó fuertemente en la representación de la Virgen María cristiana" (Jordán, p. 137), y que "es claro que los antiguos cristianos confirieron algunos de sus atributos [de Isis’] a la Virgen María… las imágenes y esculturas que la representan en el acto de amamantar a su hijo Horus formaron el fundamento de las figuras y pinturas cristianas de la Madona y el Niño" (Budge, p. 220).
Este autor prosigue: "Muchas de las herejías de la iglesia cristiana antigua en Egipto se deben a la supervivencia de ideas y creencias asociadas con los antiguos dioses nativos que los conversos al cristianismo querían adaptar a su nuevo credo" (op. cit.). En partes de Egipto, ya alrededor del año 400 después de J.C., "la Virgen María y Cristo habían remplazado a Isis y Horus, y la madre-diosa o madre del dios ya no era Isis sino María" (op. cit., p. 221). Así es como el culto de María se convirtió en parte del llamado cristianismo. Se introdujo en la iglesia antigua con el influjo de supuestos conversos ¡que trajeron consigo su devoción a una diosa madre y sus títulos!
La perspectiva bíblica

En la Biblia leemos que los antiguos israelitas, entre ellos Salomón, abandonaron a Dios para adorar a Baal y Asera o Astarot (Jueces 2:11–13; 10:6; 1 Reyes 11:1–11), cuyo ritual implicaba actos de prostitución idolátrica en el templo (2 Reyes 23:6–7). La Biblia habla de mujeres que tejían tiendas para la estatua de esta diosa que se había colocado en el templo de Dios (2 Reyes 21:1–7; 23:6–7). Los historiadores comentan que "Asera es la gran diosa madre de Canaán, conocida como la Señora Asera del Mar" (Jordan, p. 30–31). Los eruditos también vinculan a Astarot con la diosa babilonia Ishtar, con la Astarté de los fenicios y con la griega Afrodita; todas ellas diosas de la fecundidad cuyo culto también incluía actos de prostitución idolátrica (ver The Oxford Companion to the Bible).
Ishtar era la diosa más importante en el antiguo Oriente Medio, especialmente en Babilonia y Nínive. Era la diosa de la guerra y del amor carnal. Se le llamaba "Reina del Universo" y "Señora del Mundo", así como la "protectora de prostitutas y patrona de tabernas" (Nueva Enciclopedia Británica). Su culto, en el cual había prostitución idolátrica, era difundido y gozaba de gran popularidad (op. cit.). Ishtar también era objeto de culto como Inanna la diosa del amor y la guerra y la llamada “Reina del Cielo" (Diccionario de dioses y diosas, diablos y demonios, Lurker). Otra diosa cananea y fenicia era Anat, diosa de la fecundidad, a la vez hermana de Baal e hija del dios sol. La llamaban "la Señora de la Montaña… madre de los dioses… reina del cielo… la Virgen Anat" (Jordan, pp. 18–19). La Biblia y la historia muestran claramente que los israelitas y la antigua iglesia adoptaron el culto de la diosa madre, títulos y todo, de sus vecinos paganos. ¿Pero qué tiene que ver esto con nosotros hoy, y qué importancia tiene?
Caso omiso de las advertencias

Cuando Dios sacó a los israelitas de Egipto, les dio esta orden: "No te harás imagen… No te inclinarás a ellas, ni las honrarás… No haréis para vosotros ídolos" (Éxodo 20:4–5; Levítico 26:1). No obstante, al poco tiempo empezaron a adorar un becerro de oro y fueron castigados (Éxodo 32). Dios también advirtió a los israelitas que no adoptaran ninguna práctica religiosa pagana, que Él veía como abominaciones. "No harás así al Eterno tu Dios; porque toda cosa abominable que el Eterno aborrece, hicieron ellos a sus dioses" (Deuteronomio 12:29–32; 17:9–13). Sin embargo, los israelitas tuvieron oídos sordos ante estas advertencias y se volvieron al culto de Baal y Astarot, la diosa madre de los cananeos, su "reina del cielo". Por estos pecados, incluida la práctica de besar a sus ídolos (ver Oseas 13:2), los israelitas provocaron la ira de Dios ¡y terminaron cautivos en Asiria!
La nación de Judá cometió los mismos errores. Provocaron a Dios a ira cuando se dedicaron a "ofrecer incienso a la reina del cielo y [a] derramarle libaciones… [y le hicieron] tortas para tributarle culto" (ver Jeremías 7, 44). La imagen que estaban adorando como la reina del cielo era la diosa babilonia Ishtar. Otros ritos eran "endechar” o lamentar por Tamuz (esposo fallecido de Ishtar) y adorar al sol con "sus rostros hacia el oriente" (Ezequiel 8:10–18), prácticas que hoy perduran en otras formas, como celebrar servicios religiosos al amanecer del mal llamado Domingo de Pascua.
Los israelitas vestían sus ídolos con joyas y ropas y los alojaban en santuarios lo mismo que los dioses paganos de Babilonia (Ezequiel 16:16–25). El libro apócrifo de Baruc (en las versiones católicas de la Biblia) advierte a los israelitas a que no sigan las prácticas babilónicas de adorar a dioses hechos de oro, plata o piedra, los cuales llevan coronas de oro en la cabeza y “son llevados a hombros” pero “no pueden hablar" (Baruc 6:3–9). Y sin embargo, ¡todas estas son cosas que se hacen hoy en honor de María!
La Biblia revela que estas cosas no son triviales a los ojos de Dios sino abominaciones que Él odia. La nación de Judá pasó 70 años en cautiverio en Babilonia como castigo por su idolatría. Los dirigentes de la iglesia primitiva que permitían que la gente mantuviera sus tradiciones paganas bajo nuevos nombres “cristianos” siguieron el mismo razonamiento errado que hacía caso omiso de las claras instrucciones bíblicas. La Biblia advierte que las naciones que sigan ese ejemplo de adoptar y adaptar prácticas paganas sufrirán un destino similar (ver Jeremías 16:10–13).
El futuro

¿Qué hay detrás del actual énfasis en la Virgen María? ¿Por qué está aumentando y hacia dónde se encamina este asunto? Las profecías bíblicas revelan que justo antes del regreso de Jesucristo, una “bestia” o potencia mundial compuesta de diez naciones surgirá en Europa, de las cenizas del antiguo Imperio Romano (y del “Sacro Imperio Romano) (ver Daniel 2, 7; Apocalipsis 13, 17–18). Sobre esta confederación cabalgará una mujer—una iglesia rica y poderosa—descrita como una reina cuyas raíces se remontan a la antigua Babilonia, y como madre de rameras (otras iglesias a la deriva) quien ha embriagado al mundo con sus falsas doctrinas (ver Apocalipsis 18:7; 17:1–6). Esta mujer—llamada "hija de Babilonia" y "Señora de Reinos"querrá hacerse pasar por la única iglesia verdadera, diciendo: "Yo soy, y fuera de mí no hay más". Ella va a encabezar un movimiento para traer a sus "hijos separados" nuevamente al seno de la iglesia "madre" (Isaías 47:8–9; Apocalipsis 18:7–8).
El culto a la "Reina del Cielo" brindaría un "terreno común" para unir a las naciones y religiones del mundo, en un intento por traer paz a la humanidad. Muchas naciones en la Vieja Europa se han consagrado a María: los pueblos ucraniano y húngaro, poco después del año 1000 de nuestra era, e Inglaterra como la “dote” de María en 1381. En el siglo 17, se dedicaron a María: Austria, Francia, Polonia, España y Portugal, con sus colonias (ver Una mujer cabalga sobre la bestia, Hunt, p. 457). En 1996, el fallecido Papa Juan Pablo II designó el santuario de Nuestra Señora de Europa (establecido en Gibraltar en 1309 por el Rey Fernando IV de España) como un "potente símbolo" para la unificación de Europa y "un lugar donde, bajo el patrocinio de María, la familia humana se acercará cada vez más en unidad fraternal y coexistencia pacífica". Este santuario no está lejos de una cueva en Gibraltar donde los viajeros marítimos de Fenicia montaron un santuario para Astarté, la Reina del Cielo, siete siglos antes de Cristo.
Hoy la nueva Europa también está inundada de simbolismo mariano. La bandera de la Unión Europea, un aro de 12 estrellas doradas sobre un fondo azul, provino de imágenes de la Madona con 12 estrellas en una aureola alrededor de la cabeza. En la catedral de Estrasburgo, Francia (sede del Parlamento Europeo), un vitral designado la “ventana de Europa" representa a la Madona y el niño con una aureola de 12 estrellas y lunas crecientes por los bordes. El 5 de mayo se ha designado el "Día de Europa" y al mismo tiempo, es la fiesta de Nuestra Señora de Europa en Gibraltar.
Los dirigentes católicos reconocen las posibilidades ecuménicas de una diosa madre. Hace unos 40 años, el obispo Fulton J. Sheen predijo la conversión del Islam al cristianismo "mediante el llamado a los musulmanes a la veneración de la Madre de Dios" (ver Hunt, p. 458). Sheen observó que Mahoma tuvo una hija llamada Fátima, que la Santísima Virgen se apareció en el pueblo portugués de Fátima y que, cuando se exhibe una estatua de Nuestra Señora de Fátima en los países musulmanes, llegan millares de personas a venerar su imagen. Por otra parte, se está construyendo un santuario a Nuestra Señora de Fátima en Rusia—baluarte de la Iglesia Ortodoxa y sede de una amplia población musulmana—con miras a facilitar el regreso de muchos rusos a la fe “verdadera”.
Como mujer, la Madona también gusta a las feministas que rechazan el sabor patriarcal del cristiano tradicional, y a los adeptos de la Nueva Era que rinden culto a la “Madre Tierra". Los informes cada vez más frecuentes de apariciones de alguien que dice ser la "Señora de todas las Naciones" unidos al creciente énfasis católico en María como la "Reina del cielo" concuerdan con un esfuerzo por unir a todas las religiones del mundo.
El culto de la Madona es un hilo significativo que une el antiguo culto de Semiramis en Babilonia y las diosas madres de Egipto, Grecia y Roma con la moderna veneración de la Virgen María. Es una práctica anti bíblica que las Sagradas Escrituras condenan. El culto de la diosa madre dominó al mundo antiguo y cumplió un papel clave al atraer a los paganos hacia la iglesia antigua. La Biblia revela que la devoción a “María Santísima”, la “Señora de todas las Naciones”, la “Reina del Cielo” y la "Reina del Universo" cumplirá un papel significativo en los acontecimientos claves que darán cumplimiento a las profecías sobre el tiempo del fin. ¡Hoy mismo estamos viendo cómo esos acontecimientos toman forma!

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